Yo compré una moto vampiro

yo compre una moto vampiro

De exageraciones bizarras también vive el hombre y, por lo tanto, lo mismo ocurre en el cine. Yo compré una moto vampiro es un film de comedia gamberra tan valorado por unos como odiado por otros. La cinta narra las desventuras del nuevo dueño de una aparentemente fabulosa motocicleta que acaba por hacerle la vida imposible. Y es que, el vehículo motorizado en cuestión, parece necesitar ser alimentado con sangre, en vez de gasolina.

Esta comedia británica, que llegó a nuestras pantallas en 1991, no está recomendada para las mentes más delicadas puesto que, cuenta con algunas escenas que están incluidas en las listas de las más grotescas del cine. Su guion responde a la fama que adquirieron durante la primera mitad de dicha década este tipo de creaciones low cost, al estilo de El ejército de las tinieblas, que son “malas” a sabiendas y en las que el horror se mezcla con la vena humorística.

Una cultura cinematográfica que venía arrastrándose desde finales de los 80 gracias a títulos como Jóvenes ocultos, Noche de miedo, El vampiro adolescente y, en general, a programas televisivos para amantes del género como, por ejemplo, el presentado por Elvira. Dicha popularidad acabó viendo sus horas bajas con el surgir del estilo slasher, pero esa ya es otra historia.

En definitiva, aunque no destaque por su genial buen gusto fílmico, Yo compré una moto vampiro se ha convertido en uno de esos largometrajes clásicos que todo amante de este subgénero debe visualizar. Un hito histórico del que formó parte Andrew Powell, arreglista de la banda The Alan Parsons Project, y a quién un jovencísimo Claudio Serrano prestó su voz al castellano, en su papel de un desquiciado motorista, llamado Roach.

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